sábado, 25 de septiembre de 2010

La Concu, Martita

La quiero, más allá de todo. Es la persona más noble que conocí en mi vida. Tiene un corazón tan enorme como ella, que es enorme por dónde se la mire.

"No pienses que sos una persona oscura, porque vos sos un sol".

No existe nada ni nadie que haga que no le responda. Siempre, en todo lugar y momento, a toda hora, estoy disponible para ella. Lo saben todos los que me conocen "por fuera" de esto, ahora lo saben también ustedes.

La quiero por su generosidad, a flor de piel. Porque es sincera y de risa contagiosa, porque es leal, a ella y a los que elige. La quiero porque me abrió su casa ANTES que a ella misma. La quiero por aceptarme, sin saber muy bien cómo iba a resultar ese experimento. La quiero porque es gentil y bruta, cuando tiene sueño. La quiero porque no se le movía un músculo cuando les decía: "tomá, pasala por abajo de la puerta cuando cierres", mientras entregaba la llave de la puerta. La quiero por el Nesquick, y las galletitas con queso, y papas fritas, y la paraguaya, y José, y García, y el luchador, y el 2001 ("un año muy cogedor"), y los gatos, y Paty y Selma, y Rosario, y la movida, y el estar, siempre estar ahí. La quiero porque "es inmensa, como ciertas ciudades en las que vale la pena perderse", diría Calvino. La quiero por el humor negro, negrísimo, que tiene. La quiero porque es impune y torpe y cae parada. La quiero porque es descarada. La quiero porque se hincha las bolas y no le importa nada y se levanta y se va a dormir... con la casa llena de amigos. La quiero porque compartimos más de 4 años El Castillo, y fui feliz hasta empacharme. Porque compartimos el humor, el modo de mirar/ver la mayoría de las cosas. Porque sabe leerme, porque me escupe verdades a la cara como nadie. La quiero porque me conoce más de lo que yo creía, y es genial y gratificante que así sea. La quiero porque me reta. La quiero porque es una persona de esas que te transforman en más. La quiero por las carcajadas hasta el dolor de panza, y por las lágrimas también. La quiero porque no importa cuánto pase, cuando hablamos, todo está ahí, intacto.

La quiero por la mano en el pecho. La quiero porque sí.

Hoy me sale regalarle un mimo, sin que importen los detalles ni el por qué ni el como ni el cuándo. Y me conforma saber que ella entendería.

Yo sé que es así. Ella sabe que es así. Cierra por todos lados.

Marvin Gaye & Tammi Terrell
Aint No Mountain High Enough